“Aprender a perderle miedo al terror”: feminismo y storytelling, las nuevas voces en el cine independiente de México, entrevista con Mitzi Martinez.

Por Belén Nieto

Las historias siempre encuentran la manera de atraparnos, sea cual sea el formato en que se presenten, anécdotas, libros, posts en redes, películas, viejas fotos… historias que con el paso del tiempo se van transformando en parte de nosotrxs, nos predisponen a crear y moldean nuestro gusto por contar. 

Todxs quizás tenemos un recuerdo clave de la niñez, certero o difuso de cómo llegó a nosotros tal o cual serie, novela, artista, cómic o revista, un descubrir mágico y casi empírico:

“Lo que más me encantando desde niña son las historias fantásticas y las adaptaciones literarias. (…) De pequeña me encataba leer las novelas y ver las películas de Harry Potter y Narnia; en la adolescencia me acerqué más a escritores de realismo mágico como Isabel Allende, Juan Rulfo y Gabriel García Márquez, y fue ahí donde también me encontré con las películas de Guillermo del Toro y mi guilty pleasure de Crepúsculo” – Cuenta Mitzi

En la adolescencia muchas veces la historia es otra, una charla entre amigues, recomendaciones, saberes que se mueven en círculo, se comparten y que nos pueden guiar sin querer al punto de inicio que constituya en un futuro aquello que nos apasiona:

“Cuando tenía 17 años, y estaba buscando que carrera quería estudiar, un amigo me invitó a un rally de cortometrajes. ¡Ahí me enamoré de la realización audiovisual! Estudié la licencianciatura en Comunicación y Producción de Medios. Al egresar de la carrera mi primer trabajo fue como creadora de contenido para redes sociales, y lo que más me gustaba era tomar fotos y hacer los videos de eventos. Después me metí a cursos de fotografía, producción, edición, todo lo que me llamara la atención sobre realización. Ahí conocí a mucha gente, que me invitó a colaborar en otros cortometrajes, y a varios de los miembros del crew de “La Última Cena”. 

A ese empujoncito amigx, nutrido por toda una mochila de historias entre la fantasía y el realismo mágico, se le vendría a sumar más tarde la posibilidad real plasmar su propio storytelling en pantalla:

“En uno de esos cursos me enteré de la convocatoria de Macabro COVEN, para la coproducción de cortometrajes de terror dirigidos por mujeres, y apliqué para realizar mi primer corto como directora de género de terror– cuenta Mitzi- Fue un gran reto personal y profesional. Cuando mandé mi proyecto en 2020 a la convocatoria, en medio del confinamiento por la pandemia yo estaba en un proceso de introspección, evaluando dónde quería desarrollar mi carrera profesional, preguntándome si tenía lo que se necesitaba para desarrollarme en la industria audiovisual. Estaba seriamente pensando en aplicar para una maestría en Administración de Negocios y dedicarme 100% a mi trabajo de oficina, cuando me llegó el correo de que “La Última Cena” había sido seleccionada por el Macabro COVEN. ¡No me lo podía creer! Pero, en cuanto me enteré, le hablé a mi productora y pusimos manos a la obra. En el camino, hubo de todo. Me dió miedo ver que el proyecto crecía y crecía, que iba a necesitar más que las manos de mis 6 amigos de la universidad con los que hice mis primeros proyectos; que iba a necesitar más recursos, además de los apoyos de la convocatoria coproducción del Macabro COVEN; por primera vez trabajé con una scouter, con una asistente de dirección profesional, con un estudio de diseño sonoro, con una colorista y con una distribuidora. Pero antes de empezar el rodaje y al finalizarlo, me sentía más que feliz de estar haciendo lo que me apasiona, de seguir aprendiendo y de seguir creando” – Cuenta Mitzi-

Ser mujer directora y operaprimista en el mundo del cine independiente, una realidad que se hizo tangible el año pasado con la llegada de un mail, si bien ya desde sus años de estudiante se venía configurando su experiencia cómo realizadora audiovisual:

“Este es mi primer cortometraje como profesional- hablando de la Ultima Cena”- pero en la universidad yo fui la productora de todos los cortos de la generación y hace un par de años dirigí un cortometraje en el 48 Hour Film Project de la Ciudad de México, pero el reto creativo y la presión no son iguales. La universidad o iniciativas como el 48 HFP, son espacios seguros donde no le debes nada a nadie, los presupuestos son simbólicos, tienes chance de experimentar y equivocarte sin grandes consecuencias. Con “La Última Cena” tenía entre mis manos la oportunidad de plasmar mi visión creativa en la pantalla, hacer “lo que yo quisiera”, pero también tenía el reto de gestionar un presupuesto mayor, con el compromiso de entregar un cortometraje de calidad con al Festival Macabro y a los coproductores que se sumaron a su realización. Eso me dejó muchísimos aprendizajes, me permitió conocerme como realizadora, como líder y conocer un poco más de cómo se mueve esta industria” -Dice Mitzi-

Ese gran paso a la pantalla no lo realizó sola, el trabajo en equipo es crucial para dar vida un filme y Mitzi lo experimentó a través de esta iniciativa feminista, colaborativa y de empoderamiento:

Para mí el Macabro COVEN fue crucial para impulsar mi pasión por el cine y profesionalizar mi quehacer como realizadora de ficción. Me puso en contacto con grandes mentores y profesionales de la industria, como Edna Campos, directora del Festival Macabro; Nacho Soto, director de Fix Comunicación; Izrael y Fares Moreno fundadores de la Facultad de Cine; José Luis Rojas, productor de Tanhäuser Film Tank y por supuesto las TANU girls,Tatiana Lechner y Rocío Rocha” – dice Mitzi-

Además de esa instancia, el aventurarse en el mundo audiovisual también implicó abrir puertas a otros mundos y experimentar un acercamiento inesperado: el gusto por las historias de terror

Al cine de terror le perdí el miedo hasta la universidad, ya que para algunas materias teníamos que ver extractos de películas de terror en clase o de tarea teníamos que reseñar por lo menos una al semestre. Soy una persona sumamente racional y súper ñoña. Ante esa díficil tarea académica me reté a ver más terror, para entenderlo, saber como se configuran esas historias y por qué provocan esas sensacionesUna vez que le perdí el miedo y amplié mi cultura visual, me fascinó la complejidad de las historias y la forma en la que, las buenas películas del género, provocan un sin fin de emociones extremas. Es tener las emociones de subirse a una montaña rusa, pero en la comodidad de una butaca, el sillón de tu casa o tu cama.” 

Sea por inventiva o destino, de este nuevo vínculo nacería la historia de un desdichado ladrón, que entre el frío y oscuro pavimento urbano encontraría en una noche el más curioso de los desenlaces, “La última cena”: 

Esta historia la escribí en mi último año de universidad, fue una tarea para la clase de guionismo. Mi profesor nos recomendó escribir de algo que conociéramos y, aunque nunca me he enfrentado a la muerte, tenía entre mis libros varios bestiarios. Recorrí sus páginas buscando una criatura de la que quisiera escribir, que quisiera poner en una situación de la vida cotidiana. Me encontré con las banshees, las lavanderas y lloronas, mensajeras de la muerte, y decidí escribir sobre un encuentro con la muerte en el México actual

Pero ese encuentro con la muerte no es cualquier encuentro, sino una suerte de pequeño relicario que nos transporta a la vena más cultural e íntima del país y que une simbióticamente el presente y pasado, modernidad e historia:

“La Muerte de “La Última Cena” es un ente dicotómico, benévola para aliviar el sufrimiento de un perro inocente moribundo, y terrible para castigar a los hombres “malos” de la historia. El cortometraje tiene referencias católicas típicas de México, como los altares callejeros o el escapulario de Manuel, el protagonista, con los que busqué reafirmar la presencia de este ser sobrenatural que, como mexicanos – y cómo seres humanos– buscamos entender a través de algunas costumbres religiosas. Definitivamente quise plasmar un poco de mi cultura en este personaje, particularmente en su vestuario, para el cual elegí telas con encaje, como el de las mantas que antes usaban las mujeres para ir a la iglesia”

El storytelling es un arte, pero no sólo por saber contar, sino por crear un ambiente y transmitir de la forma más completa y directa nuestra visión y sentir respecto de lo que queremos relatar a lxs otres, desafío que se vuelve más interesante en el formato corto:

“Como directora y productora, lo más interesante de los cortometrajes es que se vuelve una plataforma de experimentación, un espacio para probar géneros, estilos creativos, conocer gente y armar equipos. Como escritora y storyteller el gran desafío es contar una historia interesante y completa en poco tiempo. La parte que más disfrute de la realización del cortometraje fue buscar las locaciones y diseñar la imagen de mis personajes para que, visualmente llevará ese pedacito de México. Igualmente, pasé varias horas de videollamadas con el fotógrafo Alex Gorod, dibujando el storyboard, platicándole de series y películas que tenían el estilo visual que quería para el corto”- cuenta Mitzi-

Con su primer cortometraje iniciando el tour por festivales ( Macabro FICH y el Shorts México, estrenando la sección de Fastascorto), Mitzi divide su tiempo entre el trabajo y su pasión cinéfilo-literaria:

“Tengo un trabajo “Godinez” –de oficina– en relaciones públicas, dónde tengo la oportunidad de proponer piezas audiovisuales de comunicación y de dónde voy construyendo mi fondo personal para hacer más cortometrajes. En mis ratos libres veo películas, series, leo y escribo. En estos momentos, además de moviendo “La Última Cena” en festivales nacionales e internacionales, estoy leyendo más terror y a más autoras, como Sandra Becerril, porque quiero lanzarme a escribir un largometraje, pero desde una mirada femenina posmoderna.”

Por suerte el panorama para aquellas realizaciones con mujeres directoras a la cabeza en México está sentando precedentes con proyectos cómo el del Macabro Coven:

“Me parece que estamos abriendo camino a la equidad– dice Mitzi- y que lo más importante para lograrla es que nos impulsemos entre realizadoras, que se creen más espacios para el desarrollo del talento joven, con una visión de diversidad

Empoderar desde la validación, las posibilidades y la escucha, un panorama alentador para todes aquellxs jóvenes realizadorxs que emprenden el periplo de embarcarse en el mundo del cine, en palabras de Mitzi:

 “No dejen que el miedo los detenga, ya que la única forma de tener éxito es haciendo las cosas. Escriban, dibujen, graben o fotografíen con lo que tengan a la mano, con un celular o en una servilleta. Platíquenle a sus amigos, maestros y familia de sus proyectos, porque nunca sabes quién te puede guiar hacia una buena convocatoria, quien te pueda prestar una cámara, una locación o presentarte con el productor o productora, fotógrafo, sonidista o colorista que te hacia falta.

Les diría que se vale tener un trabajo de 8 a 6 que no tenga que ver con el cine, mientras no se olviden de lo que verdaderamente les apasiona, sigan buscando los medios y el tiempo para crear”