El terror como lugar seguro y la aventura de explorarlo desde el cine autogestivo, entrevista a Federico Gianotti.

Por Belén Nieto

Inmersos en un panorama mundial que apuesta por la vuelta de las proyecciones y el renacer de los antiguos formatos cómo el VHS y la estética vintage en general, la instancia de la presencialidad en los cines va cobrando fuerza. Este es el caso de LENI (2020) el largometraje argentino de terror, escrito y dirigido por Federico Gianotti y protagonizado por Ailín Zaninovich que después de numerosas selecciones y un recorrido por festivales de cine que lleva ya dos años, este 23 de agosto se proyecta en sala Cineteca Nacional para la celebración del 20º aniversario del Macabro FICH 2021 a las 20 hs MEX:

“Fue una alegría inmensa- cuenta Fede respecto de la selección – más allá de no poder viajar en este momento, el Macabro FICH es un festival grande y es algo que no pensamos que nos iba a tocar ya a esta altura del recorrido. Es un orgullo que nuestra pequeña película llegue ahí y tenga finalmente un estreno en sala. Si bien mi objetivo es que la película llegue a su público sin importar la plataforma, uno siempre sueña con la pantalla grande, con esa experiencia compartida donde un montón de gente siente lo mismo en el mismo momento”. 

Aunque sea inminente la vuelta a la magia de las pantallas y el cine cómo lugar de reunión ¡por suerte existe internet! y también se puede presenciar online este gran evento latinx. Para aquellos que nacimos millenials o casi al borde de esas décadas, tiene una energía especial porque es el ambiente en que crecimos, a veces anhelamos casi con nostalgia los viejos formatos y espacios, pero también revalorizamos la posibilidad al acceso de todxs al arte:

“Me acuerdo de las salas y funciones de películas que fueron formativas para mí, ir al cine era parte de mi rutina semanal. (…) Personalmente extraño la época en que el cine era una salida más popular y económica. Hay algo de reírse o asustarse con un grupo de absolutos extraños que es un poco mágico. Y por el otro lado, nunca hubo tanta disponibilidad de cosas para ver, ni fue tan fácil, así que no reniego de los avances, me parece espectacular y ojalá la gente pueda ver Leni tan sólo apretando un botón en sus controles remotos. Pero hay un trato, como un pacto tácito cuando entrás en una sala donde apagás el mundo fuera y sólo existe esa película delante tuyo, no hay distracciones”-dice Fede-

Si hablamos de las infancias/ adolescencias en los 80s -90s, el terror, más que un simple género, fue para muchos un elemento formativo y performativo, porque que más allá del fanatismo, instaló en muchxs niñes el gen cinéfilo, niñes que más tarde llegaron a escribir guiones y tener ese amor incansable por contar historias:

Para mí el terror siempre fue un lugar seguro. Eran las pelis que alquilaba y miraba solo en casa, las que enganchaba en el cable cuando era chico y vieja no estaba. Me cuesta escribir si no hay un elemento que se vincule con el terror. Creo que nos pasa a muchos de los que crecimos con el videoclub y la tv por cable – dice Fede- . La primera película que vi en sala, o por lo menos la primera de la que tengo recuerdo fue “Desaparecido en Acción” (Missing in Action, 1984), una de la Cannon con Chuck Norris en Vietnam. Mi padre solía llevarme a ver películas de acción que no se correspondían con mi edad. En contraste, en mi casa (vivía con mi madre, mi tía y mi abuela, post separación de mis padres), me compraban la colección de películas de Página12 para chicos donde venían cosas como Tiempos Modernos o El Globo Rojo. Y pasaba mucho tiempo solo, así que el cable también era una gran puerta de entrada a otros mundos”.

Une de esxs niñes contagiados por el gen cinéfilo sin dudas es Federico Gianotti, una pasión que le llevó a encontrar un puente entre su trabajo y un sueño siempre presente: llevar historias propias a la pantalla grande. Pero para contar el principio de esa historia, hay que viajar un poco más atrás en el tiempo a los jóvenes 00s, con un Fede adolescente saliendo al mundo en un momento de caos para nuestro país:

“Terminé el secundario en el 2001, en pleno estallido social y económico. Vengo de una familia de laburantes, sin muchos profesionales (mi abuelo y pará de contar) y el miedo que tenían era que pudiera estudiar algo de lo que trabajar. Cine sonaba a algo de lo que no iba a poder vivir y sólo conocía las escuelas de cine privadas como la FUC que estaban muy por fuera de mis posibilidades, así que terminé estudiando publicidad básicamente porque me becaban (mi tío era el director de la escuela).” 

El camino del arte parecía imposible e incierto, pero con la publicidad Fede encontró un puente para estar cerca de su vocación: 

“Era algo que se emparentaba con el cine en algún punto (remoto) y fue mi puerta de entrada al cine publicitario donde empecé a trabajar como asistente de producción en el 2005. Pasé por producción, locaciones, arte (brevemente), asistencia de dirección y escribí tratamientos de guión para otros dires durante años. Empecé a dirigir publi en el 2013. Pero así y todo un día en el 2018 me encontré mirando para atrás y viendo que el recorrido que había hecho sólo pagaba cuentas y algún viaje, pero no estaba haciendo lo que quería hacer: contar historias. Habían pasado los años y no tenía ni un corto a mi nombre, nada que no fuera algo por encargo, nada propio”.

Aunque no todo fuera ideal, lo que está destinado a darse eventualmente encuentra su manera, y así fue cómo se gestó LENI, esperando cómo una semilla, en estado latente, las condiciones propicias y el ambiente adecuado para ver la luz:

“En una semana entre proyectos de trabajo, y con frustraciones de proyectos de ficción que no habían avanzando por las vías tradicionales (INCAA), Pato (mi mujer) me preguntó qué quería hacer, “contar algo” le dije y ella fue muy práctica, me dijo “escribí algo que podamos filmar con lo que tenemos, con los favores que podamos pedir y hagámoslo”. LENI fue ese guión, era un corto, ambicioso en duración, 32 páginas y para el que iba a necesitar 7 días de rodaje y un presupuesto que iba a significar agarrar cualquier cosa para poder financiarlo (y así es como terminé teniendo una suerte de trabajo fijo generando contenidos durante un par de años sumado a mi trabajo como director de cine publicitario). Y en medio de esa locura de filmar fines de semana y trabajar durante la semana en otra cosa nos dimos cuenta que la historia pedía más, así que escribí el resto y salimos a filmar 4 días más para convertirla en un largometraje” -cuenta Fede-

 Asi que hace casi tres años, nacían en paralelo un director y la historia de una chica que busca lidiar con su pasado al salir de una relación tóxica, luchando por encontrar respuestas a una realidad abrumadora:

“LENI nace de un momento de enojo y frustración, venía en un mal momento profesional y LENI funcionó como válvula de escape. Originalmente no era un relato tan personal, el primer borrador era un slasher donde la final girl era la asesina, Leni era mi Michael Myers (si Michael fuera el héroe). Pero volcando ideas en papel empecé a conectar con cosas que me pasaron, con recuerdos reprimidos y esas sensaciones empezaron a moldear el estado emocional de Leni, alejándose del slasher y el género puro y duro, para convertirse más en un drama de terror

La historia de Leni nos muestra las marcas del arduo proceso confrontar nuestros traumas y cómo nos relacionamos con lxs demás en esa transición:

“Leni está encerrada en sí misma, con sus monstruos, y los de afuera no pueden llegar porque ella no los deja. En la versión cortometraje no había ningún personaje masculino a excepción de Martín y Juan. Había una intención inicial de que todo su círculo cercano fueran mujeres y los hombres sólo existieran como una amenaza. Cuando extendimos la narrativa al largometraje tratamos de que eso fuera un poco más ambiguo”.

A los ojos de la protagonista, la realidad es un tanto confusa: pesadillas, sueños, persecuciones, secuencias interrumpidas y momentos de tensión se entremezclan en su día a día, pero hay un espacio de libertad del que se apropia, uno que autoconstruye a partir de las ruinas que los demás han dejado:

“Era importante para mí que tuviera una relación con algo vivo, primordial y primitivo -hablando de LENI-La tierra tenía que estar presente como ese elemento que albergaba miedos y monstruos, pero que a la vez era algo físico y real con lo que tenía que lidiar a diario. Lo del vivero surgió un poco naturalmente pensando en esto y en que fuera un negocio familiar, algo que heredó, tanto como la casa que habita, todo tiene un peso simbólico y opresivo sobre ella. Pero a diferencia de otros lugares, sobre el vivero ella tiene un dominio, no hay monstruos ahí”– cuenta Fede-

Una película profunda y empatica que es escenario a su vez de otre gran relato, el ser operaprimista en el mundo  y panorama del cine independiente:

“(…) Todo fue difícil, desde tomar la decisión de hacerla hasta el último corte, hasta la última nota y la última mezcla de sonido. Nunca había pasado por este proceso, el desgaste físico y emocional es muy grande, más en una película independiente donde todo es muy a pulmón. Sí quizás hubo un mayor miedo, que fue darla por terminada, poder soltar esa necesidad de seguir “arreglando” cosas y ponerla frente al público. Y aunque suene contradictorio, lo que más disfruté fue también todo eso. Hacer una película es una labor colectiva donde la mirada del equipo enriquece esa visión que tenías, donde la compañía de los demás hace que la experiencia sea menos solitaria. Es agotador y es el mejor trabajo del mundo al mismo tiempo (…)

Hoy en día, LENI está en pleno viaje por el mundo y desde Argentina la vida y los nuevos proyectos de Fede se desenvuelven entre el trabajo, la familia y por supuesto las ganas de seguir contando historias, eso sí ¡con el terror siempre cómo timón!:

“No llevo una vida muy ordenada porque mi trabajo en cine publicitario se lleva puestos mis horarios, pero por lo general hago una vida muy tranquila, en casa, con Pato, con nuestros perros y gatos (tenemos dos de cada), nos gusta mucho cocinar y ver películas (aunque las de terror suelo verlas solo)” – cuenta Fede- “Siempre hay nuevas historias (y viejas también, que están ahí, esperando su turno) y proyectos. Ahora estoy trabajando en dos guiones, uno que estoy co-escribiendo con mi editor, “El Fuego al otro lado de la puerta” sobre una familia que le debe su riqueza a una entidad, los conflictos internos que esto genera y las obligaciones que se tienen que cumplir. Tenemos la idea de filmar este año una versión cortometraje como una suerte de proof-of-concept para buscar financiamiento. Y por otro lado un proyecto que tengo en imágenes en mi cabeza y de a poco fue apareciendo la historia, un thriller durante el genocidio de los pueblos originarios que fue la Campaña del Desierto en la Patagonia, una de esas que no te dejan respirar por hora y media, para pasarla mal, como me gusta a mí”.